Una voz grave que dice “Tren Nº 33, El Sierras Grandes, con destino a Villa Dolores, y observando paradas en estaciones intermedias, partirà a las 21,30 hs. de plataforma Nº 2” .Ojos y oidos infantiles que observan y registran todo lo que pueden. Una hora antes ,ya estabamos en el andèn : de punta en blanco como corresponde y con las valijas y los “pases” revisados una y mil veces. Letra y nùmero de coche y nùmero de dormitorio. Si, asì viajàbamos los hijos de ferroviarios. Pero la magia recièn empezaba ya que de pronto, silenciosamente, se veìa llegar la “cola” del tren. El coche-dormitorio de madera, marròn oscuro y claro el techo ,que en su costado decìa “GRAL SAN MARTIN”en letras amarillas. El largo tren retrocedìa a paragolpes lentamente con la pilota empujando. Todas las “comodidades” eran numeradas y, con màs razòn los dormitorios.pero bastaba que el tren se detuviera en plataforma para que un malòn se precipitara sobre los coches buscando con desesperación la ubicación y un lugar en el portaequipajes. En los dormitorios, habìa que buscar al “camarero”, porque muchos compartimentos venìan con llave de cochera, ya que por el horario las camas estaban armadas. No pocas veces presenciè agrias discusiones por ventas duplicadas, arduas cuestiones que finalmente el Inspector arreglaba. Al rato, un leve golpe anunciaba el acople de la “titular”, seguramente ALCO RSD 16 flamante, aunque todavía alguna Caprotti se entreveraba y luego las campanadas, que generaban silencio y una tensiòn inexplicable entre los que viajaban y los que venìan a saludar. Nunca volví a experimentarla. Otra vez la voz grave : “Se comunica al Guarda 1º que puede despachar su tren” Y empezaban las vacaciones. Quizas ese viaje y el de vuelta eran para mì, LAS VACACIONES, el resto era “relleno”. Mientras el tren salìa de la parrilla de Retiro e iba ganando velocidad, comenzaba la lucha con mi vieja que iba a durar hasta la tarde del dìa siguiente : ventanilla y persianas levantadas para poder “ver pasar” las estaciones, tratar de leer y memorizar los nombres y observar todo : desde los pasajeros urbanos de regreso al hogar que yo imaginaba “envidiando” mi privilegio hasta el paisanaje de los pequeños pueblos rurales que acudìan al quizás ùnico y efìmero hecho de trascendencia en sus pueblos : la llegada del tren de Buenos Aires. Después de Josè C. Paz—que dejàbamos atràs envuelta en una nube de tierra y papeles---el desafìo era mayor : noche cerrada y estaciones pobremente iluminadas no permitìan leer el nombre (aunque mi viejo me soplaba) y en algunas, apenas se distinguìa la luz mortecina del farol de oficina y la sombra de un auxiliar de turno. Pero allì estaban, jalonando la inmensidad con presencia humana. Hoy son apenas taperas jalonando el vacìo. Primera y breve parada :Mercedes P.. Luego Chacabuco, Junìn,Alberdi y Rufino, donde se hacìa relevo de personal. Despues Laboulaye y Mackenna, Justo Daract y Villa Mercedes ya en la mañana del otro dìa. En el andèn , toda la parentela puntana: viejos, adultos y bebès nuevos que habìa que conocer y, por supuesto algo de comida por las dudas de que el tren se extraviara en el desierto. 20’ de parada para decirse todo, verse después de seis meses o un año. Los hombres intercambiando información sobre el “laburo”, los de Alianza y Retiro con los de Coches Motores : criticando y añorando tiempos idos. Las mujeres, con los ojos vidriosos por una distancia que ni aquellos hermosos trenes conseguìan acortar.Si 20 años no es nada, 20’ menos aùn. Campanadas, pitazos y movimiento, muchos abrazos y recomendaciones. Algún bebe que por el apuro se queda arriba y un tren que a los gritos es detenido en la punta ,ya tomando la curva a la derecha del Ramal a Dolores. Entre socios no hay problemas, pero , que p…… Y ahora si, en la claridad de la mañana, adivinando la silueta el Morro en el horizonte, curva y contracurva, lento por la subida y porque la vìa no dà para màs. Por la bocina, una Werkspoor DEB . Inconfundible. Aùn hoy la escucho. Màs tarde una RSD 35 tal vez, pero siempre poco peso por eje. Nunca el ramal permitiò otra cosa.El coche dormitorio tiene un largo pasillo y en la punta una banqueta para el camarero que yo me apropio. Desde allì, la perspectiva del coche en movimiento en combinación con el paisaje externo es ùnica. Y las estaciones, un espectáculo aparte. Algunas , pequeños pueblos que hoy han crecido, otras apenas caserìos que el cierre del ramal condenò a la extinción. Y la paisanada serrana con esa tonada tàn particular, algo cordobesa, algo puntana y algo riojana. Sus pilchas para el monte de espinillos y el sulky esperando. Porque “llega gente de Buenos Aires”. Y las sierras estàn lejos. No existe el “camino de la costa” y la 148 que recorre junto al tren el Valle de Conlara es –por tramos—un arenal. Andenes cortos y trenes largos que obligan a las escalerillas de madera…y a los yuyos. Coronel Alzogaray, Juan Llerena y La Toma. Naschel, Tilisarao y Adolfo Rodriguez Saa. Ya en Còrdoba, Tilquicho, Conlara y Villa Dolores. A veces, media tarde, a veces ya noche. Que importa. 50 años después, encontrè muy poco. El silencio de Villa Mercedes asusta. De Tilquicho sòlo hallè una eclisa de aguja perdida en el monte de espinillos. En Dolores, el municipio usa de depòsito la estación pero ni se molesta en limpiar la bosta de paloma que tapa los techos. La mesa giratoria, para que jueguen los chicos y el Depòsito de locomotoras para que viva una familia. Ah! y no se viaja mejor. 50 años después pude recorrer el tramo entre Esquel y Nahuel Pan de La Trochita, sentado en un estribo de madera y pitando un faso. Muy poco. Pero el que pueda que lo haga, porque ya no queda mucho tiempo y no hay mejor forma de viajar. Hoy los trenes que quedan parecen inmóviles y los que nos prometen, demasiado ràpidos.
Daniel Viruè
sealbaja@yahoo.com.ar




Comentarios
Tengo una duda, porque en la época que viajaba el "Sierra Grandes" tenía pullman pero no dormitorios, los cuales,si mal no recuerdo, eran exclusivos de "Libertador", y no sé si también del "Aconcagua", solamente hasta Mendoza.
Un abrazo y gracias por refrescarme la memoria con tu historia.
Buenas tardes:
Casualidad o no, estaba buscando info sobre el Tren Sierras Grandes que unía Retiro con Villa Dolores, a traves de la ex Linea General San Martín y encontré este excelente comentario de Guido sobre lo que dejó el tren.
El mismo me hizo recordar a mi infancia y gran parte de mi adolescencia, cuando emprendíamos nuestras vacacaiones en familia, en la Colonia de Vacaciones Gral. San Martín (de ferroviarios) en Piedra Pintada.
La mayoria de los que asistíamos a esta Colonia lo hicimos a traves del fabuloso Tren "Sierras Grandes" y, casi todos viajabamos en los coches PULMAN (con camarero incluido).
Ese personaje muy lindo que era el Camarero del Pullman, te recibía con una sonrisa y te entregaba la almohada apensa subias. También se ocupaba de ordenar el equipaje y custodiarlo al lado de su lugar de trabajo.
Al llegar a Junín, subía casi la mitad del coche, ya que en dicha ciudad se encontraban emplazados uno de los principales Talleres de la Linea San Martín.
Mi padre era Jefe de Division 1º de Vía y Obras y, en esas vacaciones, tuvo la oportunidad de conocer a aquella gente que le enviaba memos desde los Talleres Junín. Las anécdotas eran hermosas. Las partidas de truco entre nuestros padres en la Glorieta, memorables.
Recuerdo que esperaba el viaje para encontrarme con mis amigos de Junín y para poder desayunar en el Coche Comedor del Sierras Grandes.
Me levantaba temprano y lo molestaba a mi papa pidiéndole que me lleve a desayunar al coche comedor. El premio: un rico cafe con leche que se movía como loco por efecto de las vías, un rulo de manteca y otro de mermelada, más una canasta enorme de tostadas. Nunca pude hacer durar los rulos a tantas tostadas que mi papá dejaba que saboree.
Mientras desayunábamos, me entretenía adivinando la velocidad del tren, ya que me hacia tomar el tiempo entre poste y poste de km.
Les recuerdo que el coche pullman siempre iba enganchado al lado del comedor, así que el trayecto era muy corto.
Las escapadas a Primera clase tambien tenian su lugar, donde viajaban el resto de nuestros amigos que no habian conseguido hacer valer el pase ferroviario en Pullman, para cantar, tocar la guitarra o solamente hablar. Claro, el camarero no los dejaba entrar al Coche Pullman.
Cuando llegábamos a Villa Dolores, muchos pobladores se acercaban a la estación solamente a ver llegar el tren y a saludar a los turistas.
En mi infancia, nos venía a buscar el encargado de la Colonia en su Volanta y recorríamos los 6 km. todos juntos.
Les agradezco poder compartir mis recuerdos con todos Uds., esperando que algun día se puedan reabrir estos ramales perdidos y, con ellos, se generen nuevas historias.
Un fuerte Abrazo
Un fuerte Abrazo