CMCT GANZ MAVAG (Monte Comán, Mza)

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domingo, 11 de mayo de 2008

Varados en plena noche, recordaron el tren bala...

El tren de la empresa Ferrobaires salió con puntualidad de la estación Retiro. Eran las 18.10 de anteayer. Pero la formación nunca llegó a destino: por un desperfecto mecánico quedó varada en Manzanares, Pilar. Después de más de cuatro horas de espera, los 470 pasajeros recomenzaron el viaje en varios ómnibus, algunos de ellos en pobres condiciones.

La formación tenía como destino distintas ciudad del interior de la provincia de Buenos Aires, como Junín, Vedia, Chacabuco, Leandro N. Alem y O Higgins, entre otras.
Los pasajeros que habían sacado su pasaje hacia O Higgins llegaron a destino casi 12 horas después de que la formación partiera de Retiro. "Llegamos a las 5.45. Encima, el ómnibus que nos llevó se descompuso. Es una burla lo que pasa con este servicio. Después el Gobierno habla de hacer el tren bala", dijo a LA NACION Marta, una pasajera que había viajado a Buenos Aires para comprar ropa.
La formación, según afirmaron a LA NACION numerosas personas que estaban en el tren, se descompuso a las 19.45 cuando pasaba por la estación Manzanares, en el partido de Pilar. Los ómnibus a los que recurrió la empresa sólo comenzaron a llegar después de las 23.30, agregaron los viajantes.
LA NACION intentó comunicarse ayer con algún vocero de Ferrobaires, pero ninguna persona atendió los teléfonos de sus oficinas.
Los pasajeros se sintieron abandonados en medio de la noche. Una y otra vez repitieron que pasaron más de dos horas hasta que alguien les informó lo que había sucedido.
A medida que pasaban los minutos, la bronca y la impotencia se incrementaban y las quejas parecían tener un único culpable: el tren bala.
"En vez de hacer tren bala, tendrían que poner en condiciones las formaciones que ya existen", sostuvieron Federico Sánchez y Guido Rato, dos jóvenes que viajaban hacia Chacabuco.
Cuando LA NACION habló con Sánchez y Rato eran las 0.45. Debían haber llegado a Chacabuco a las 22.15.
Cuando llegó uno ómnibus, una de las pasajeras se negaba a subir porque una de las luces delanteras no funcionaba. "Así no viajo", repitió una y otra vez la mujer, pero cuando se dio cuenta de que la única manera de llegar a destino era ese vehículo, se resignó y decidió sentarse en uno de los asientos.
"No es la primera vez que pasa. Siempre hay un problema con este tren", dijo un pasajero, también resignado.


Por Gabriel Di Nicola
De la Redacción de LA NACION

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